domingo, 15 de febrero de 2015

¡Gracias por todo!

¡GRACIAS POR TODO!


He aprendido muchas cosas en este año de erasmus. 

He aprendido que estar fuera de casa es una guerra constante y que se hacen mejores amigos que en las trincheras. He aprendido que no importa el color de nuestra piel, el idioma que hablemos o cómo vistamos, sino tener el corazón, la mente y los brazos siempre abiertos. He descubierto que puedes enamorarte de una ciudad hasta el punto de echarte a llorar, y que la mejor forma de descubrirlas es, sin duda, perderte en ellas. He descubierto la parte buena de tener el corazón partido en muchos cachitos y también que, aunque estés a más de 3.000 kilómetros, puedes sentirte en casa.
He aprendido, cosa que creo que es lo más útil de todo el año, a pronunciar de forma correcta la palabra “Connecticut”. También que nunca seré capaz de pronunciar el nombre de Rorey, y mucho menos decir que va a la brauerei… He aprendido que hasta una biblioteca puede ser divertida si consigues colar un tupper lleno de croquetas y que los rusos no son tan raros como dice 9gag (bueno, un poco sí). He aprendido que cualquier excusa es buena para irte de cervezas, y que a veces no hace falta poner un pie fuera de tu cuarto para pasar una tarde inolvidable. También que los británicos están majaretas. He aprendido la gran importancia de los idiomas pero también que te puedes hacer entender con cualquier cosa, desde las manos hasta una piedra. He aprendido cosas que ni siquiera sé describirlas. He aprendido que cuando mezclas una ciudad hermosa con gente maravillosa, la magia viene por sí sola. He aprendido a hacer tortilla y también paella (aunque necesito algo más de práctica). He aprendido que cubrir las espaldas es inherente a la palabra “amigo”. También he aprendido a ser de las mejores canguros de borrachos del sur de Alemania. ¡Ah!, y a ser fotógrafa de guiris en sitios turísticos.. También he aprendido a hacer croquetas. ¡Y puchero! Y lentejas… He aprendido que nunca estás sola porque siempre estás contigo, que es importante encontrarte a veces. He aprendido que en un día se pueden vivir las cuatro estaciones de golpe, que hay inviernos cálidos en Alemania y también veranos muy muy (MUY) lluviosos. He aprendido que, para los amigos de verdad, la distancia no es más que otro desafío a superar y que la familia es lo más verdadero que tienes. También que un ukelele es el instrumento más alegre que existe. He aprendido que con una sonrisa o un guiño puedes cambiarle el día a un extraño, y que ellos pueden cambiártelo a ti. Que hay música y poesía en cada cosa que te encuentres por la calle y que hasta un boli es motivo más que suficiente para ponerte a cantar. He aprendido que el alemán es jodidamente complicado, aunque (y esto es importante) no imposible. También que se puede estar una semana entera durmiendo tres horas al día y seguir levantándote con una sonrisa de oreja a oreja. He aprendido que es mejor compartir media cerveza que beberse una entera. Que las noches no son siempre para dormir y que las siestas buenas se hacen de buena mañana. He aprendido a amar las palabras “oder?” y “echt?” y a valorar una sonrisa más que a un trozo de chocolate (y esto es mucho para mí). He aprendido que no existen fronteras cuando estamos unidos y que podemos conseguirlo todo. Y si no, ¡cervezas y chocolate! He aprendido a cogerle el punto a dormir en un aeropuerto sin que me duela la espalda, y te podría decir medidas de equipaje de mano y formas de hacer el check in de muchas compañías diferentes completamente de memoria. He aprendido que limpiar una casa es peor de lo que imaginaba, y también que no es necesario hacer la cama todos los días (o, básicamente, ninguno). He aprendido que una casa pequeña puede ser testigo de cosas enormes (también de cantidades ingentes de pelusas y pelos que limpiar). También he aprendido (y de esto me llevo una lección importante) a ser la señora de las moscas y a usar un fli como arma las 24 horas. He disfrutado como una enana en cada país que he visitado este año, he conocido a tantísima gente que no recuerdo el nombre ni la nacionalidad de la mayoría de ellos. He aprendido a gritar hasta quedarme sin voz cuando Alemania se proclamó Weltmeister y más de un día, sin comerlo ni beberlo, me he encontrado cenando a las siete y media (hora de la merienda en casa). También sé hacer una pizza desde cero, y continuar la frase “remember remember…”. He aprendido a echar de menos sin haberme ido, a llorar a lágrima viva de lo feliz que estoy y a quedarme sin aliento de reírme tanto. He aprendido que un mapa a veces sólo estorba y que haciendo autostop se conoce a la gente más interesante. He aprendido a dejarme conquistar por las tonterías más tontas y a morir por falta de sonrisas. He aprendido a no olvidar quién soy ni de dónde vengo, a estar orgullosa de mis raíces y a regarlas con un poco de cada sitio del mundo. Y, de eso, a tener muchos hogares dentro de un solo corazón. Y con todo esto me sigo quedando corta. El erasmus sólo se puede resumir en una palabra: VOSOTROS. Muchas gracias, os quiero. 


I’ve learned many things this erasmus year.

I’ve learned that being far from home is a constant war and you make better friends than in the trenches. I’ve learned that the color of your skin, the language you speak or how you dress don’t matter, but having always open heart, soul and arms do. I’ve found out that you can fall in love with one city to such an extent that you can break into tears, and that the best way to discover it is, without any doubts, getting lost. I’ve found out the good part of having your heart broken into million pieces and also that, even if you are 3,000 kms away, you can feel at home. I’ve learned what I think is the most productive and useful of all, and that’s how to pronounce correctly the word “Connecticut”. Also that I’ll never be able to pronounce Rorey’s name… nor that he goes to the brewery. I’ve learned that even a library can be fun if you manage yourself to sneak a tupper full of “croquetas” in, and also that the Russian people are not as weird as 9gag says (well.. maybe a little). I’ve learned that any excuse is a good one to go out for beers, and that sometimes, you don’t need to go out to have a unforgettable afternoon. Also that the british people are crazy as hell. I’ve learned the huge importance that languages have, but also that you can make people understand you with anything, from your hands till a rock. I’ve learned things I can’t even describe. I’ve learned that, if you mix a beautiful city with wonderful people, magic comes along. I’ve learned how to cook a “tortilla” and paella too (but I need to practice a little more). I’ve learned that “covering backs” is something that goes attached to the word “friend”. Also I’ve become the best drunks-babysitter in the south of Germany. Ah!, a great foreigners-photographer in touristic places too. I’ve also learned how to cook “croquetas”. And puchero! And lentils… I’ve learned that you’re never alone because you’re always with yourself, and that sometimes it’s important to find you. I’ve learned that, in one day, you can live the four seasons; that Germany has warm winters… but also REALLY rainy summers. I’ve learned that, for real friends, distance isn’t more than another challenge to get through and that the family is the truest thing you have. Also that the ukulele is the happiest musical instrument ever. I’ve learned that with an smile you can change someone’s day, and that someone’s smile can also change yours. That there’s music and poetry in every single thing you can find and that even a new pen is a good reason to start singing. I’ve learned that German is fucking hard, but (and this is important) not impossible. Also that you can be one entire week sleeping three hours per day and still wake up in a good mood. I’ve learned that sharing half a beer is better than drinking one alone. That nights are not always made for sleeping and the best siestas are the ones you take just when you wake up. I’ve learned to love the words “oder?” and “echt?” and to value an smile more than a piece of chocolate (and that’s a lot coming from me). I’ve learned that boundaries don’t exit when we are together and that we can get it all. And if we don’t: beers and chocolate! I’ve learned how to sleep inside of an airport without hurting my back and I could tell you how to check in with almost every flying company. I’ve learned that cleaning a house is worse than what I could have ever imagined and that you don’t have to do your bed every single day (or basically, none). I’ve learned that a little house can be witness of enormous stories (also of huge amounts of dust and hairs to clean up). I’ve also learned (and I take an important lesson out of this) how to be the lady of the flies and how to use a insecticide as a weapon 24/7. I’ve enjoyed like a little girl in an amusement park in every single country or city I’ve visited this year, I’ve met so many people that I can’t even remember the names nor the nationalities of some of them. I’ve screamed till I run out of voice when Germany proclaimed itself as WELTMEISTER and, more than one day, I’ve found myself having dinner at 7!!!!! I’ve learned how to cook a pizza out of anything and how to follow the sentence “remember remember…”. I’ve also learned to miss without having even left, to cry bitterly just because I’m happy and to stay out of breath by laughing too much. I’ve learned that sometimes a map is just an obstacle and that the most interesting people are these you meet by doing hitchhiking. I’ve learned to let myself being conquered by the dumbest things and to die for the lack of smiles. I’ve learned not to forget where I come from nor who I am, to be proud of it and to make it grew with a little of everywhere I go. And, from that, to have lots of homes in one heart. And this is not even closer of all the things I’ve learned.
But I’ve learned that my year can be summed up in one word: Y’ALL.
Thanks a lot, I love you, guys.

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