lunes, 30 de junio de 2014

Speyer

SPEYER (Espira)

Hacía tanto tiempo que no iba de excursión con una clase que casi se me olvida. Pero, por segunda vez (ya en Neustadt), Escritura Creativa nos llevaba de excursión. El destino elegido: Speyer.


Speyer (Espira en español) es una ciudad romana, de las más antiguas de Alemania. A poco más de 25 kilómetros desde Mannheim, es un pequeño refugio de problemas.
La ciudad está coronada por la catedral, que fue nuestro punto de encuentro y primera visita, donde nos encontramos con nuestro profesor, Martin Grzimek, y su amigo pintor, Michael Heinlein.




Gracias a los contactos de nuestro profesor, el cuidador de la catedral, Mario  Colletto nos coló en una zona privada y nos explicó la historia de la catedral. Es una enorme e imponente basílica de arenisca roja y uno de los más destacados ejemplos de arquitectura románica existentes en el mundo.


Después de la catedral, nos llevaron a dar un paseo por la ciudad y encontramos rincones tan preciosos como estos dos de aquí. ¿Os imagináis poneros a leer un libro en esta esquina tan bonita? ¡Qué ganas!


¿Y pasear con esta imagen de fondo?


La segunda visita, completamente improvisada, cayó en una iglesia pequeñita donde nos regalaron los oídos con un corto concierto de flauta dulce.


La siguiente parada obligatoria fue en la galería de Purrmann, pintor nacido en Speyer en el siglo XIX.


Su obra es expresionista y, entre ella, destacamos los retratos de paisajes de Speyer. En la foto de abajo, el cuadro de la izquierda representa la calle principal con la catedral de fondo. Y el cuadro de la derecha, es el Valle del Rín.


El Valle del Rín (Rhein-allee) es un paseo que lleva desde el centro de la ciudad antigua hasta el río homónimo. Aunque muchos otros paseos a la orilla del Rín llevan el mismo nombre, este tiene la particularidad de que, precisamente, no pasea a su orilla sino hacia él, rodeado de césped y zonas de recreo.


Y desemboca en el río:


Con este paiseja a nuestra espalda, nos llegó la hora de comer. Y he aquí la delicia de la tarde: una cerveza típica de baviera y diferentes tipos de salchicha (creo que todavía tengo algo de sobras en la nevera).


Por muy delicioso que estuviera, acabamos todos hasta el mismísimo de tanta comida, y con la morriña que sólo una buena siesta andaluza quita, conseguimos levantarnos y, con otro paseo de vuelta a la ciudad, aterrizar en la última parada: la galería de Heinlein.
Y la hora siguiente fue algo mágica.

Nuestro profesor, escritor de profesión, nos deleitó con la lectura de uno de sus relatos (Von einem der nicht dort sein wollte wo er war) ambientado en Speyer y relacionado con los cuadros que nos rodeaban...


... mientras que este, se dedicó a explicarnos el por qué de sus cuadros expuestos, cómo los hizo, qué representan y qué técnica siguió.


Y así, entre letras y óleos, con vino blanco, agua fresquita y delicioso pan alemán, se pasaron los últimos minutos en esta ciudad fantástica, y cogimos, derrotados, un tren destino a casa.


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