miércoles, 25 de junio de 2014

Holi festival y Düsseldorf

Holi festival y Düsseldorf.

Viernes 30 de mayo, flixbus destino a... ¡Colonia! Para variar.
El día anterior, Churum y sus amigos habían venido de visita a Heidelberg y recorrimos toda la ciudad en una sola tarde... ¡Vaya matanza! Así que no hubo excusas para ir a dormir prontito y estar a tope para que, a la mañana siguiente, ellos cogieran un coche a Stuttgart y yo un bus a Colonia.
Media película de Hulk y dos horas de sueño con chocobons de kinders me dejaron en los brazos pizzeros y chocolateados de Ricis. Aprovechamos la noche para ponernos al día puesto que, a la mañana siguiente, sábado 31, nos esperaba un gran día...:

¡Holi Festival of Colours!


El Holi Festival of Colours es un festival que tiene lugar en muchas partes del mundo desde hace muchos años. Celebra la cultura india y es una exaltación al color y a la alegría. Nosotras fuimos a la ciudad de Leverkusen.




Hoy en día, se celebra con música tecno (escuchamos "El Príncipe de Bel-Air" en inglés/tecno) y con muchos colores. Son unos polvitos que tienes que comprar y, una vez cada hora, a las en punto, hay una cuenta atrás de diez y una explosión enorme de colores en el cielo.

El problema fue que, con la emoción de la primera cuenta atrás, y estando en el medio, se nos olvidó cerrar los ojos y la boca...


Aun con el paladar y las pupilas llenas de polvitos, nos las ingeniamos para pasar un día increíble. Pero había un mínimo problema. Ricis y yo íbamos preparadas, con camisetas blancas, recortadas y dignas para la ocasión, con la esperanza de llevarnos un recuerdo de gratis a casa; pero, como los colores eran polvitos, acabaron dejando nuestras camisetas más blancas de lo que las habíams traído.
No obstante, en un descuido de gente que pagó tres euros por una botellita de agua y se le olvidó en el suelo, nos la agenciamos, empapamos las camisetas y el recuerdo al final se vino con nosotras a casa:


Acabamos muy reventadas de tanto salto y de tanto comer polvo, pero la experiencia fue enorme. Un par de veces tuvimos que salirnos del mogollón y ver la explosión desde fuera si queríamos continuar siendo personas normales con dos ojos y todo. Y esto fue lo que nos llevamos:




Llegó la hora de irse a casa y cogimos el tren de vuelta a Colonia, reventadas y sintiéndonos como contenedores de basura andante. La ducha nos sentó como un regalo del cielo y nos sentimos como en el bautizo de novatadas, sólo que los polvitos son peores de quitar que el huevo o la harina.
A día de hoy creo que tengo que tener algo todavía metido en la nariz.


El domingo llegó con una parsimonia de domingo. Estábamos reventadas del festival, pero teníamos un viaje planeado que teníamos que cumplir:

  • DÜSSELDORF


Fuimos en TARDIS (por supuesto), y nos dimos un ameno paseo por la ciudad en el que nos hartamos a patatas fritas y ganas de cookies del McDonalds.

Hicimos nuevos amigos:


Y nos comimos unas tartas deliciosas. Eso sí, la parsimonia nunca nos dejó.
Visitamos el centro, vimos millones de bares españoles, dimos un paseo por la orilla del río y casi nos quedamos fritas tiradas en el césped, justo antes de darnos cuenta de que había una feria gay justo detrás de donde estábamos.

Volvimos antes de lo previsto para acabar dando otra vuelta por Colonia (siempre en TARDIS).


Y en casa nos esperaba una deliciosa foundee de queso a la vez que Robin Williams en "El Club de los Poetas Muertos".
Caímos rendidas en cama, esos domingos que parecen más domingo que nunca, y a la mañana siguiente me tocó el madrugón para volver a casa, a Heidelberg.
Llegué justo a tiempo para ir a clase y, allí, enterarme de la abdicación del rey. No se pudo esperar a que me echara una siesta...

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