martes, 24 de junio de 2014

Frühlingfest

Frühlingfest in Stuttgart

Hora: 9:30
Lugar: Estación de trenes y buses de Heidelberg
Destino: STUTTGART



El Frühlingfest de Alemania es un evento anual, festival de primavera muy parecido al Oktoberfest, que tiene lugar en la ciudad de Stuttgart. Es la fiesta de la primavera más grande de Europa (y hablaban de la de Granada...) llena de chicas y chicos con el traje típico alemán (también conocido como disfraces del "superhéore" alemán).




Atracciones, algodón de azúcar, una noria, mucho chocolate y mucha cerveza. Ya que, por desgracia, este año no puedo ir a la feria de mi querido pueblo por una "%&#¢¬÷#@| semana (acabo las clases el 26 de julio *horror*), la suerte quiso que no acabara el erasmus sin un poco de esta suerte de alegría vital y me puso la miel en los labios.

Tras un paseo con los ojos y boca abiertos, y viendo que comenzaba a chispear, nos metimos en una de las carpas gigantescas que había allí.




Encontramos por pura casualidad una mesa enorme donde cabíamos los 14 que éramos en un principio, y corrimos como locos para cogerla. Y en menos de dos minutos, teníamos cada uno nuestra jarra de un litro rico y fresco de cerveza:



La caseta carpa estaba a reventar de gente agradable, de camareros rápidos y de canciones y bailes típicos alemanes. No tardamos en subirnos a los bancos, jarra en mano, y empezar a cantar cosas sin sentido entre las que, de vez en cuando, se mezclaba alguna palabra alemana (atmenlos durch die Nacht... ♫). ¡Y se nos unió el perdido en Stuttgart, David, para mejorar lo inmejorable!


El tiempo corría que parecía volar y, por desgracia, nos echaron de la carpa porque la mesa donde estábamos estaba reservada a partir de cierta hora. Pero eso no nos paró y buscamos otro sitio, más tranquilo, para seguir con el buen día (aunque lloviera).

Nos montamos en un par de atracciones (como la caída libre –¡gigantesca! ¡horrorosa!, pero muy corta–) y probamos la estrella de la tarde: el LANGOS. 

El langos es una especie de pan frito que estaba deliciosísimo. Y más el mío, con salsa de yogur y ajo y vieeeeeeeele Käse por encima. ¡No quedó ni migaja! ¡Ni del mío, ni del de Nuria, ni del de ninguno de todos los que compraron los demás cuando probaron los nuestros! (¡Gracias Agus!).

Pero el cansancio, el mal tiempo y las horas del reloj se nos echaron muy encima y pronto tuvimos que coger el tren de vuelta a casa. Derrotados, nos dejamos caer muertos en los sillones y, entre risas y un raro deutspanglish, el viaje se nos hizo incluso corto.

Realmente, fue un gran día y una gran experiencia. Aunque, una lástima, me quedé con ganas de comprarme uno de esos trajes de superhéroes del bretzel.

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