martes, 27 de mayo de 2014

Kölle Alaaf!

Kölle Alaaf!

La canción con la que leer toda la entrada: VIVA COLONIA! El gustillo a paraíso y lluvia que nos dejó Bélgica nos siguió en volandas hasta un blablacar extraño que nos llevó a la capital alemana del carnaval:
¡COLONIA! 
(noch mal)

Carnaval en Colonia o "La Historia de Nueve Personas durmiendo en una Habitación que fueron Desapareciendo hasta que sólo Quedaron Dos".


 Cuando Heidi y yo llegamos a Colonia, había gente disfrazada llenando los metros hasta el techo, música en las calles, familias enteras de piratas y oso brasileños gigantes. Ricis y Bill nos esperaban con una gran –y otra más grande aún– alegría de por medio: PECA Y GARFUN!!!!

Era de noche y las prisas, las bullas, las ganas de pasárnoslo bien, el frikismo informático de Garfun y la habilidad de cuatro años de magisterio de Peca convirtieron bolsas de basura en auténticos disfraces de alienígenas extraños:


La noche fue increíble, con pollos locos y conciertos secretos de ukelele. Incluida una escapada al centro para encontrarnos -igual que en Bélgica- con ¡Chochis! (y un amigo suyo... y un amigo de su amigo), completando así el número de personas que íbamos a dormir en tres colchones y dos sacos.


El día siguiente tocaba hacer algo productivo y visitar la ciudad como buenos guiris. La catedral nos sonreía desde todos los puntos de Colonia, aunque no pudimos entrar por todo el alboroto que había por las calles. Aunque sí que nos encontramos alguna que otra sorpresa inesperada:


La tarde pasó con currywurst asquerosamente picante y ganas de que llegara la noche, pues teníamos preparadas más bolsas de basura y una nariz roja y redondita. ¡Y nos convertimos en cutre-payasos!


Aunque la mayoría estaban muertos de la noche anterior, la fiesta no paró ni un segundo y Ricis y yo nos encontramos solas a las 5 de la mañana en un local en la quinta puñeta con un extraño cowboy.

La mañana siguiente fue un poco triste, porque nuestro grupo se hizo pequeñito. Chochis y los dos extraños al rebaño desaparecieron rápidamente de vuelva a tierras chocolateras. Pero nuestro pequeño Garfun se fue más al norte, a Kiruna (Suecia) a trabajar para su satélite GranaSAT.


Eso nos dejó a los cinco más tontos solos en una ciudad enorme.
Paseamos por toda la ciudad, diviertiéndonos como tonto. Bailando con plátanos y con pollos.


Y nos autorregalamos un regalazo:


Esa noche fue la mejor noche en mucho tiempo. Decidimos no salir y vivir de música, dibujos y poesía improvisada. Y todo fluyó solito.


He aquí el producto de los cadáveres exquisitos de esta noche:

¡Gracias!
Por traerme aquí de nuevo
Al lugar donde aprendí a volar 
Y a soñar en el tiempo.
Que esto, ahora, es REAL
Y el mañana la resaca del momento
Por eso
Ya sabes dónde estoy
Búscame
Mejor: encuéntrame

La mañana siguiente, amaneció tristonga porque otro pollito abandonaba el nido: Bill se volvía a tierras polacas, con despiste como siempre, y a punto de perder su vuelo. Y quedábamos cuatro tontas, con dos disfraces prestados y mucha imaginación (y un desayuno basado en cervezas):


Tuvimos la oportunidad de disfrutar del mejor día, con un ambiente grandioso. Conseguimos colarnos (sin saberlo realmente) en una zona de pago para ver la enormísima cabalgata. Nadie sabe cuántas horas estuvimos viendo pasar carrozas y carrozas, recogiendo chocolate, flores y caramelos... Horas horas, con una vieja roñía y un pollo muy muy loco.


Y este fue el botín a repartir entre las cuatro.


Finalmente, llegó la tarde noche y los dos pollitos más bonicos se tuvieron que ir. Los acompañamos corriendo al tren y volvimos a casa. 
Ese día y el siguiente, fueron de merecido descanso. ¡Y qué descansos! Siestas hasta que el sol no nos dejaba dormir más, pelis que acababan en quedarnos fritísimas y seguirlas al día siguiente, absolutamente nada más allá del chocolate que habíamos recolectado... Eso era vida...

Y ya llegó el final y el último pollito dejó el nido. Me volví para Heidelberg a pocos días de empezar otro gran viaje.

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