domingo, 27 de abril de 2014

Mi semana con Bill Gates

Mi semana con Bill Gates
Febrero

[+/-] Itinerario que seguimos para Frankfurt

Tras las aventuras tan cansadas de Berlín y con poco tiempo para reponerme, me esperaba una gran alegría en la estación de buses: Bill Gates, más conocido como Miguel Ángel en facebook.
Después de un día exhausto de viajes, aviones, buses, y con una carilla de moco cansado, me recibió con una enrome sonrisa aunque llegué tarde a recogerlo, y ese mismo día cayó rendido.

Los dos primeros días de su visita, los dedicamos a la ciudad más bonica de toa Alemania, mi poblado chabolesco: jáidelber.
Cumplimos el cupo básico: visita por la Altstadt, subida a la torre de la Heiligekirche, el Alte Brücke, paseo por la orillita del Neckar, noche de karaoke...




Aunque el verdadero peligro llegó cuando nos tocó subir al Philosophenweg y, no sólo contentos con querer subir a la cima de la Heiligenberg, quisimos añadir un poco de peligro y hacerlo por la ladera de una montaña, con pocos percances. Pero la sensación al llegar arriba, hizo que mereciera la pena.


El día era de escándalo y el sol pegaba a más no poder, y la pequeña sesión de senderismo nos llevó a partes maravillosas de Heidelberg.


La siguiente gran excursión de Heidelberg fue al castillo, donde nos esperaba un amigo plumífero al que hicimos un reportaje fotográfico digno de una boda real.
Aprovechamos también para ir a investigar por los apartamentos de ricos de lo alto de la montaña y descubrimos rincones bastante mágicos muy perdidos.


Nos despedimos de mi ciudad bastante a lo grande, investigando zonas perdidas en las que nunca había estado e, incluso, descubrimos un cementerio horriblemente grande. Pero logramos llegar justo a tiempo a un pequeño mirador en la montaña Königstuhl para ver este maravilloso cielo y sentarnos a disfrutar de él.


Y así se acabó lo bueno, bueno, y por bueno, me refiero a Heidelberg, ya que al día siguiente, nos íbamos a visitar Frankfurt.
Con ganas cero por mi parte, pero mucha ilusión de Bill, cogimos dos billetes y nos plantamos en la sede del Banco Central Europeo. La primera parada fue la casa-museo de Goethe, lo único que me quedó por ver de la primera vez.


Acompañada de un museo de los diferentes artistas, nos dejó con mucho tiempo para visitar la ciudad.
Teníamos pocas horas y un bus de vuelta antes de lo que queríamos, así que la visita por el centro fue a paso rápido.


Bordeamos el río unas cuántas veces, disfrutando de un paseo lluvioso. Subí a la catedral, pasamos por el cementerio judío y con alguna que otra preocupación, sobrevivimos al día con una hora de sobra que pasamos en el McDonalds entre hamburguesas de un euro y cookies.



Y volvimos a casa. Y acabó el sábado.

El domingo 23 llegó de improviso y, tal cual, fueron nuestras visitas de ese día:

  • Neckargemünd

Un pueblo tranquilo y muy pequeño, al borde del mismo río que atraviesa Heidelberg. Fue un paseo precioso de después de comer, con mucha luz, patos y obras T-T

  • Eberbach

Otro pueblo muy tranquilo (¿serían así porque era domingo?). Con casas pintorescas y otros andaluces que nos encontramos por el camino. El mismo río bordeaba la ciudad, y el paisaje era casi tan envidiable como el del pueblo anterior.
En Eberbach viven gran parte de los alumnos de la Universidad de Heidelberg que no consiguen encontrar un alojamiento en la misma ciudad.


Pero la visita clave, llegó el lunes: Núremberg (Nürnberg).


La noche anterior vimos la peli de Vencedores o vencidos, para ambientarnos un poco en la ciudad que íbamos a visitar. Y al llegar al memorandum lo encontramos un poco cambiado a cómo fue en aquellos entonces.


La ciudad cumplió muchas de nuestras espectativas. Es preciosa con sus canales, sus casas, sus paseos y sus salchichas. Visitamos el centro turísitco, infinitud de iglesias, el castillo...


Aunque nuestra parada estelar fue el Palacio de Justicia:


Se encuentra en la zona de Furth y tuvimos que coger un metro para llegar hasta allí. Al lado del Palacio de Justicia actual, se encuentra un edificio que conforma un memorandum para los procesos de los altos cargos nazis que tuvieron lugar en ese mismo edificio.
La sala 600 tiene algunos cambios a la disposición de aquellos días, y hoy en día, también se sigue utilizando como sala de juzgados, por lo que las visitas a la exposición quedan restringidas de cuando en cuando, aunque nosotros tuvimos la suerte de que no nos tocó la visita en uno de esos días.


En la parte superior del edificio, hay una exposición en la que, por desgracia, nos tiramos más tiempo de la cuenta, lo que no nos dio lugar a ver la parada más más clave de la ciudad: el Campo Zeppelín.


Aunque no encontramos la tribuna desde donde Hitler daba los discursos, por mucho que buscamos, nos perdimos, corrimos, nos embarramos... Lo que sí vimos fue esta réplica del Coliseo romano, que no era otra cosa que el Kongresshalle, previsto para ser sede del congreso del Partido Nazi.


Por mucho que lo intentamos, el tiempo, la noche y el barro cayeron sobre nosotros. Y al no encontrar una parada de metro y volver a perdernos, entramos un poco en pánico. Pero Bill pensó rápido y levantó el pulgar a puntito de caramelo, pues un chico super simpático paró el coche y se ofreció a llevarnos a la parada del bus.
Le dimos las gracias ochenta veces, y practicando mi alemán, nos llevó donde le dijimos con dos minutos de ventaja, que aprovechamos para comprar postales corriendo como posesos entre los raíles de tranvías. Y estuvimos de vuelta justo a tiempo, cogimos el bus y nos fuimos pitando a Heidelberg, porque al día siguiente, nos esperaba otra gran aventura, esta vez, en un país un poco más al oeste: Bélgica.

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