jueves, 20 de febrero de 2014

Dresden (Deutschland)

Dresde

Con este viaje, se inauguró mi gran período de vacaciones. 
El pasado día 12, miércoles, a horas muy tempranas de la mañana (antes de las 6... y tras dormir muy poco por unos cuantos asuntillos pendientes), nos encontramos todos en Bismarckplatz, maleta al hombro y muchas horas de bus por delante.

A las seis y media el bus salió de Heidelberg y, tras siete horas, tres paradas en gasolineras donde una botella de agua costaba seis euros y entrar al baño un euro, llegamos a nuestro primer destino: DRESDEN.




El bus nos dejó a orillas de un estanque precioso rodeado por un jardín de paseo. Eso nos llevó a la Theaterplatz (en la fotografía de arriba), donde está la ópera (Semperoper), ese edificio que se ve allí a lo lejos y la catedral de la santísima trinidad (Hofkirche) desde donde está tomada la imagen.

A partir de ahí, nuestro guía nos llevó a dar un pequeño tour por la altstadt de la ciudad, donde cierto es que vimos poco más de lo que teníamos planeado ver al día siguiente, que no era otro que el museo de Alte Meister, que desembocaba justamente a la misma plaza, y sus patios interiores:


En cuyos laterales se encontraban los museos de Porcelana y de Física y Matemáticas (?).


Como podéis ver, el tiempo que nos acompañó fue increíble, así como en el resto del viaje. Y aprovechamos y cogimos el toro por los cuernos y nos pusimos a investigar la ciudad por nuestra cuenta y riesgo, cosa que acabó en un McDonalds para empezar con fuerzas el viaje.

Los pasos nos llevaron, en pos de Natalia, hasta Neumarkt, donde visitamos la Frauenkirche (Iglesia de nuestra señora), iglesia protestante presidida por una estatua de Martín Lutero:


 Y este es el interior:


En la misma plaza, y justo en frente de la embajada española (cosa que nunca está de más saber dónde queda), nos encontramos unas ruinas curiosas que nunca nos llegamos a enterar exactamente de qué eran...


Paseando por la ciudad, nos encontramos con edificios preciosos, dignos de una tesis doctoral del visitante encantado. El Albertinum, el museo de arte moderno... pero fue la preciosidad del sol reflejado en el Elba lo que nos dejó más boquiabiertos.


La ciudad nos siguió sorprendiendo con rincones preciosos e inesperados sin nombre, con cámara en mano y prisa porque se acercaba la hora del encuentro con nuestro guía.

La Theaterplatz nos recibió maravillosa cuando la luz ya estaba más oscura, con la muchedumbre de gente acechándola como hormiguitas en frente de una manzana gigante. Allí a lo lejos, podemos ver la Hofkirche que no pudo salir en la primera foto, con la luna de corona.





La gente se arremolinaba en las calles y empezamos a ver muchísimos polícias juntos en cada esquina, cosa que nos extrañaba mucho (¿habíamos vuelto a España sin enterarnos?), pero uno de ellos tuvo la amable cortesía de explicarnos que se preparaban para una manifestación en contra del nazismo que iba a tener lugar el día siguiente cuando, por desgracia, ya no íbamos a estar.

El punto de encuentro junto al estanque y a la luz de la puesta de sol parecía algo mágico, y el tiempo de espera hasta que llegó el autobús se nos hizo muy ameno.




Llegamos al albergue, nos duchamos, nos tranquilizamos, cenamos y nos preparamos para dar una vuelta por la Neustadt de noche. Nos habían prometido unas pintadas (referencias al muro de Berlín) que nos iban a dejar asombrados, pero lo poco que vimos se puede reducir a pavanas volando por una pared y dos o tres cosillas con muchos colores. Decepción que un chocolate caliente (BLANCO) pudo quitar en seguida.





Volvimos al albergue en tranvía y la noche pasó volando. Ya era de día y teníamos algo más de tiempo para visitar la ciudad. Nos despertamos, arrasamos el buffet del desayuno, y la primera y única parada programada: el Alte Meister, museo de pintura de Dresde.



Vermeer

Torre de Babel

A lo lejos, Rubens (Leda y el cisne)

Botticelli

Con poco tiempo para más, llegaron los últimos minutos de descanso en los que sólo nos dio tiempo a ver el Palacio Japonés y nos dejó con las ganas de ver Neustadt de día, en el que las pintadas tendrían más colores y donde se encontraba el cementerio judío y una tienda de queso que está en el libro Guinness de los Récords.



El autobús nos esperaba y ya estábamos, maleta en mano, ilusionados y preparados para nuestro próximo gran destino: BERLÍN, que continuará en el próximo capítulo [cuando consiga recuperar las fotos que se me han perdido :( ].

He aquí, un vídeo resumen de Dresden, ¡a disfrutar!


1 comentario:

Ork a tu vida.