jueves, 26 de diciembre de 2013

KÖLN (und Bonn usw)

Köln und Bonn

El jueves día cinco, cogiendo un bus urbano por los pelos, estrés, gente, horribilidad y sudor, para luego enterarme de que el otro bus se había retrasado media hora.
Llegué a la estación, me senté frente al McDonald's, saqué el ebook con Danza de Dragones y me puse a leer.

A la media hora exacta, llegó el bus (meinfernbus.de) y me subí a él. Dormí, leí y vi unos cuantos capítulos de Friends, pero... HORROR: perdí mi pin del sinsajo en el camino... Pero bueno, a apechugar se ha dicho.

Llegué por la noche ya a Colonia, y mi querida Ricis ya estaba esperándome en la estación <3.
Me llevó a su mensa, donde había estado, en una fiesta erasmus que, por desgracia, ya había acabado. Pero eso no nos frenó, y nos fuimos de fiesta, con su amiga Camille y algunos más, tras horas de indecisión y cambios de opciones, a una discoteca con canciones horribles e hispanas, donde pagamos 8 euros para acabar quedándonos fritas en unos sillones de la discoteca. Hasta que vino un segurata enorme y nos dio unos golpecillos con una sonrisa irónica y un "Guten Morgen!".


Aguantamos hasta las 4 de la mañana, que abría el metro, y conseguimos volver a casa, donde, muertísimas, nos acostamos y soñamos con angelitos.





¡El viernes amaneció nevando! Ricis se levantó para ir a clase (cosa que ni noté porque seguía durmiendo), y al volver, me despertó con un millón de ganas para señalarme la ventana. Esta foto, con caras de muertas y mis pantalones de pijama, se suponía que iba a ser una de nosotras bajo los copitos de nieve...


Nos vestimos adecuadamente, y nos fuimos a descubrir la ciudad.


La primera parada fue indiscutible: El museo del chocolate.

Que aunque no entramos, estuvimos muchísimo tiempo en la tienda del museo, dándolo todo, alimentándonos con los ojos.

Foto con la catedral de fondo
Dejando atrás todo el chocolate, visitamos la orilla del Rín.


Este es uno de los rincones más bonitos de colonia: esa pequeña iglesia con las cinco casillas de colores que no se ven con nuestros caretos.


Cuando la noche caía ya, paramos por una tienda fabulosa, donde compramos nuestros cascos de cerveza (que ya veréis más adelante) y donde había cosas tan fantásticas como la de esta imagen:


Otra parada fue el Hard Rock, donde, cuales guiris sin remedio, tardamos dos horas en hacerles fotos a todo cuadro colgante.


Y cuando el cielo ya estaba negro, fuimos a dar paseos por el Weihnachtsmarkt. Bueno, LOS. Siete visitamos en total, todos preciosos e increíbles, irrepetibles y mejores que el anterior, si era eso posible.




Al volver a casa, nos arreglamos para darlo todo. Era el cumple de una de sus amigas, y antes de que pudiéramos darnos cuenta, estábamos en una pizzería con cerca de cuarenta españoles, sin conocer ni a la mitad (yo conocía a dos!).


Aunque la noche acabó... 


En un karaoke:
 (Perdónanos, señor)


Y así acabó el segundo día.




El tercero, sábado, amaneció lluvioso (como todos), pero con un plan muy fijo y definido: visitar Bonn. 
Una compañera de mi clase de Granada, hace su erasmus allí, Nuria, y la llamamos para que nos llevara de visita turística por la ciudad.


La primera parada fue la plaza de Correos, en la que estaba el Mercado de navidad de Bonn, y una estatua en honor a Beethoven, nacido en esta misma ciudad.


Bonn es una ciudad preciosa, con edificios y calles que parecen sacados de un cuento de princesas, como su ayuntamiento, ese edificio blanco que se ve al fondo de la imagen:


Otro edificio de cuento, es la universidad. Resulta que actualmente está emplazada en lo que antes era un palacio (creo que de verano) de la misma ciudad. Y donde Nuria tiene la suerte de ir cada día!


La ciudad nos llevó hasta su iglesia más importante, creo que catedral, donde había un belén un tanto... exótico... jajajaj Con bomberos y un drácula aleatorio.


Cerca de esa misma iglesia, estaba el museo haribo, que nos volvió loquísimas de la cabeza.


El museo de Beethoven era parada obligatoria. ¡Y disfrutada!


Último piano del músico

Una de las últimas paradas, porque nos moríamos de frío y estábamos empapadísimas por la lluvia torrencial, fue el otro palacio, igualmente precioso, aunque desconocíamos la utilidad que tiene actualmente.




Al volver a Colonia, visitamos algunos de los últimos mercados navideños que nos quedaban por ver. ¡Mi favorito! Con estrellas colgando de los árboles del cielo, gente por todas partes, una tienda preciosa y tazas maravillosas.



De vuelta, y por la cena, paramos en un puesto asqueroso de patatas fritas donde nos timaron, pero estaban las jodidas igualmente buenísimas.


Yyyy.... ¡la tienda de lego!


En casa, ya preparadas para la fiesta, estrenamos nuestros gorros-cerveza... aunque aún no hemos aprendido cómo se para de beber :P










El domingo empezó con vistas a ser muy tranquilo, y cumplió sus expectativas. Lo empezamos con un paseo por un lago enorme y precioso, con hojas caídas que nos enseñaban los resquicios del otoño.





A la vuelta a la ciudad y aprovechando la claridad, visitamos la catedral. Aunque con la malísima pata que sólo nosotras tenemos, perdimos la oportunidad de subir a la torre y disfrutar de la vista. También nos perdimos la tumba de los reyes magos :( Para la próxima!


El puente de los candados fue lo que nos quedó por visitar. Aunque nos la pasamos discutiendo la vanalidad de comparar el amor con el tamaño de un candado. Y lo inútil que nos parecía (aunque...).



Y la foto del viaje, tuvo la delicadeza de hacerla mi móvil:

Taráaannnn....


El cielo jugó con nosotras y con los colores como quiso, dejándonos con la boca abierta y el corazón a flor de piel.



Y nuestra cena, se sirvió fresca y chocolada. Y esto nos acompañó hasta casa, donde descansamos de un fin de semana muy movidito mientras veíamos la película Invictus.


A la mañana siguiente, tocó madrugón y vuelta a la rutina.
Colonia, ¡volveré!

FELIZ NAVIDAD

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ork a tu vida.