lunes, 25 de noviembre de 2013

¡FRANKFURT!

FRANKFURT
Por la educación pública y por una ciudad nueva para visitar.


El viernes 15 de noviembre, nos reunimos (demasiado pocos para los que prometieron venir) y entre poquísimos conseguismos elaborar tropecientas pancartas, en español, inglés, alemán, gallego, catalán... para seguir con nuestra protesta a favor por la educación pública y unas becas erasmus dignas:




El día 16 cogimos el bus, muy muy muuuy temprano, y por cinco euros nos plantamos en Frankfurt. Llegamos, con miedo de ser muy pocos, hasta Römerberg, la Plaza de la Justicia, donde teníamos pedido el permiso para hacer la manifestación. Y encontrarnos con todos fue maravilloso.


Durante una hora y media gritamos, leímos el manifiesto en tres idiomas diferentes, repartimos panfletos, nos hicimos oír, cantamos (¡No somos un gasto, somos inversión!)... y nos helamos de frío.
Aquí hay un vídeo-resumen de la manifestación hecho por mí :)


Llegada la hora del fin de la manifestación, fuimos a hartarnos de comer en un sitio perfectamente calentito. Y aprovechamos para visitar la ciudad.


Tras la comida, y por el postre, entramos en un Lidl y Paloma y yo escapamos con una enorme y deliciosa tableta de milka tres chocolates. ¡Luchar por la educación pública da muuuucha hambre!


En el largo paseo por la ciudad, uno de los sitios claves que visitamos fue la Catedral:




Visitamos, además, bastantes iglesias, aunque, físicamente por el exterior, esta podría decirse que fue la que mejor de todas. Perfecta para una historia, perfecta para un cuento:


Otro punto, por ejemplo, fue la Eschenheimer Turm:


Aprovechamos un centro comercial para disfrutar de unas vistas típicas para una ciudad como Frankfurt...


... llena de rascacielos y edificios enormes.


Paseamos por toda la ciudad, sin realmente pararnos en ningún sitio. Visitando los puntos importantes y disfrutando del frío horrendo.

Paseamos por la Plaza de Goethe y por en frente de su casa, así como una gran estatua. ¡Cómo aman los alemanes a Goethe!


La última parada significativa fue la Ópera, antes de entrar en una cafetería y tomarnos un chocolate caliente que disfrutamos como gloria bendita.


Sobre las siete cogimos el bus de vuelta por otros 5 eurillos y echamos una cabezada de lo terriblemente cansados que estábamos. Ya que a la vuelta, nos esperaba el cumple de Sophie (que se merece una entrada independiente).

Fue una visita satisfactoria, donde sentimos que habíamos hecho lo correcto. Una manifestación totalmente pacífica y sin incidentes y una visita por una nueva ciudad.
Lo malo fue que la ciudad no es el tipo de ciudad que me gusta. Muy grande, muchos edificios. No como mi pequeña Granada alemana. Pero igualmente, de visita merecida.

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