miércoles, 9 de octubre de 2013

Amsterdam

AMSTERDAM
(También conocida como la segunda España, con millones de paisanos)

El viaje, un poco bastante accidentado, no pudo empezar de otra forma que con el que tenía los billetes llegando por los pelos y una maleta perdida que recuperamos gracias a Dios.
Salimos de la Hauptbahnhof de Heidelberg a las 9 en punto para llegar a Frankfurt am Main a las 21:30, dispuestos a pasar unas laaaargas horas de espera.

De izq. a der.:
Robin, yo, Arsenii, Marina, Rorey, Sara, Marta.



La primera parada fue un McDonalds para meter algo de "carne"en el estómago, aprovechar el wifi gratis y poder sentarnos en sillas decentes antes de que llegaran las tres de la mañana y tuviéramos que irnos de allí. Donde, por cierto, nos cobraban un euro por hacer pis.


A las tres, y por desgracia, cerraron el McDonalds y el suelo de la estación fue nuestra cama. 


Matamos el tiempo jugando a miles de estupideces y, cuando parecía que no podíamos más, dieron las 5 y media, abrieron el Starbucks, nos compramos el desayuno y nos fuimos a la parada de nuestro siguiente autobús: Eurolines.


Ocho horas que a algunos le parecieron interminables pero a los que aprovechamos y dormimos se nos fue en un soplo. Eso sí, incómodo como él solo, pero finalmente, tuvimos nuestra recompensa y llegamos a Amsterdam!!!


En la estación cogimos chorrocientos mapas, informaciones y un ticket que nos sirvió para todos los transportes públicos durante 72 horas, por sólo 16'50! Y así, empezó nuestra segunda gran aventura: encontrar el hotel.

No nos pudimos perder más porque Amsterdam no es más grande. Acabamos dando vueltas con las maletas sin saber dónde meternos hasta que, a la décimo novena persona que le preguntamos, nos aconsejó coger un metro y nos llevó a nuestra querida estación de Sarapova <3. Y desde allí, unos 15 minutos andando (y perdiéndonos sólo una vez!) llegamos a nuestra "casa": 



Dejamos las cosas allí, como buenamente pudimos, y fuimos muertos de cansancio de vuelta al centro, a pasear por la ciudad y a aprovechar lo que quedaba del primer día. 
Visitamos la Plaza Dam, la más importante, donde tuvo lugar la primera presa del río Amstel (s.XIII) y en torno a la cual se construyó la ciudad.

Lo que se vislumbra de fondo es el Palacio Real (1648-1655),
que hizo durante un tiempo las funciones de ayuntamiento.

Monumento nacional, un gran obelisco de 22 metros,
en homenaje a los holandeses caídos en la II Guerra Mundial.

Museo de Madame Tussand (Museo de Cera)

El cansancio acumulado y la falta de buena comida, hicieron mella y pasamos algún susto, pero todo se solucionó en seguida y pudimos disfrutar de las maravillas de Amsterdam de noche:


Así acabó el primer día.


El segundo día comenzó con chorrocientos despertadores sonando todos a la vez, con peleas por el papel de váter y prisas por entrar en la ducha. Salimos más tarde de lo planeado, pero supimos aprovechar bien el tiempo.



La primera parada (improvisada) fue en la Westerkerk, con una torre de 85 metros de alto y una estatua de Anna Frank en la puerta.


Un interior precioso con un órgano envidiable.


Y donde pudimos ver ¡la tumba de Rembrandt!


Al final de la misma calle, se encontraba el Museo de Anna Frank, 4'5€ que merecieron la pena. Las emociones a flor de piel y un nudo en el estómago nos acompañaron durante todo el viaje.


Y aunque estuviera prohibido sacar fotos, nos hemos convertido en unas máquinas del contrabandismo.


Y la gran joya: 




Después de este precioso lugar, fuimos a almorzar a Museumsplein, preparados para nuestra siguiente parada: el Museo de Van Gogh.



Como sólo nosotros podemos y sin perdernos un ápice, nos recorrimos el Museo enterito en 45 minutos. ¡Y además nos encontramos a Jannis! Un compañero de erasmus de Heidelberg que dio la casualidad que estaba de visita en Amsterdam, en ese Museo, el mismo día y al mismo tiempo.




Después, dimos una pequeña vueltecita por la ciudad. La primera parada fue el famoso I Amsterdam, en la misma Museumsplein: 



Y de ahí, nos fuimos a Leidseplein, donde nos encontramos un ajedrez gigante:



El Hard Rock, precioso y enorme:




Y el teatro municipal, desde 1894:



Seguimos andando y llegamos a Plaza Spui (sede del Movimiento Provo en los años 60). Bueno, pero eso no lo sabíamos aún. Dimos mil vueltas en la misma plaza preguntando dónde estaba para encontrarnos con que llevábamos una hora ya en ella. Y otra hora tardamos en encontrar la estatuilla del Het Lleverdje, en honor a la juventud de Amsterdam:

Finalmente, e igualmente muertos, volvimos a Plaza Dam y, de ahí, última parada: El Barrio Rojo, llamado así por la cantidad de luces rojas que hay. Lleno de burdeles y vitrinas con chicas expuestas desde el siglo XVII, habiendo sido legalizado en el 1911.


Una vez visitado de cabo a rabo, metro y vuelta a Sarapova.
Fin del segundo día.



El tercer día lo empezamos aún más tarde y un poco accidentados, porque nos dijeron que tendríamos que dejar la cabaña abierta, sin llave echada, puesto que al día siguiente salíamos muy temprano y aún no estaría abierta la recepción. Así que este día, el ukelele nos hizo compañía.

La primera parada fue el Mercado de las flores, el Bloemenmarkt.


Se trata de una serie de puestos y tenderetes con un millón de flores y semillas para comprar, donde alguna que otra se llevó unos cuantos proyectos de tulipanes.


La gran sorpresa nos la llevamos al llegar a la Plaza Rembrandt y encontrarnos con una reproducción a tamaño real en forma de estatuas de la Ronda de Noche!


Y ahí nos tomamos nuestro tiempo para hacer mil estupideces con ellas:




Tras el almuerzo y unos cuantos souvenirs, nos pusimos en marcha hasta nuestro último destino importante: el Rijksmuseum, el museo nacional. Donde disfrutamos de obras de Vermeer, Rembrandt, Van Gogh e incluso Monet <3.

Van Gogh, autorretrato

A coastal view, Monet

La lechera, Vermeer

Ronda de noche, Rembrandt

Tras el museo, que también tuvimos que ver en tiempo récord, nos sentamos en el gran parque de Museumsplein a descansar y a tocar el ukelele:

Y volvimos a casa para poder descansar un poco antes de nuestra tercera tortura: el viaje de vuelta. 
Compramos mil idioteces y sándwiches para hacerlo más ameno y, con el madrugón de las 5 y media de la mañana, duchas frías y maletas a punto de estallar, cogimos el metro. Llegamos con tiempo a la estación, esperamos y nos recibió nuestro querido e incómodo bus de 7 horas.
Con parada sorpresa en Köln para revisión antidrogas!


Y así, con unas cuantas horas, el tiempo justo en Frankfurt, y otro bus, llegamos a casa tras una experiencia francamente inolvidable.


PD: Gracias a Marina y Sara por dejarme robarles fotos <3

2 comentarios:

  1. DIOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! QUIERO IR!!! yaaa y muero por verte (L) Normal que os pararan en Köln...aquí somos muy sanos ^^

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  2. Si las chicas están expuestas desde el siglo XVII, menos mal que están en vitrinas , si no, olerian un poco. Un beso.

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Ork a tu vida.