domingo, 22 de septiembre de 2013

Philosophenweg und einige andere fremde Orte

Philosophenweg 
(und einige andere fremde Orte).

El pasado viernes, y de una forma casi totalmente improvisada, fui con gente de clase a visitar el conocido Paseo de los Filósofos (PHILOSOPHENWEG) de Heidelberg.




El Philosophenweg es un camino en una montaña (HEILIGENBERG) que deja unas vistas de la ciudad y el río completamente envidiables.


Está repleto de rótulos con nombres de filósofos, así como extractos de sus vidas o citas (en alemán, o sea, que no me enteré de nada).


No obstante, no me dio tiempo a recorrerlo entero porque decidimos, así por las buenas, subir hasta lo alto de la montaña.


Comenzamos a subir, subir, subir, a pringarnos de barro y tierra, a arañarnos con las ramas de los árboles y a reventarnos a cuestas; pero valió completamente la pena cuando llegamos arriba.



Lo primero que nos encontramos, fue una especie de coliseo ENORME. Se trataba del THINGSTÄTTE, construido en 1934/35 y utilizada como un lugar de propaganda.



Fue diseñada por el profesor H. Alker basado en instalaciones similares. No obstante, después de su apertura en 1935 se fue utilizando cada vez menos, hasta que ahora está al servicio de eventos  culturales para hasta 8.000 personas.



Pero no nos paramos ahí y seguimos subiendo. Al poco, nos encontramos con las ruinas de un monasterio: KLOSTERRUINE ST. MICHAEL, que, en su forma original tendría que ser algo así:


Pero nosotros nos encontramos sólo con esto:



Subimos a una torre con escaleras interminaaables de caracol, que no dejaban de subir y subir y subir. Al llegar arriba, descansamos un rato contemplando el cielo. ¡¡Estábamos en la cima!!



Al bajar, nos encontramos con lo que parecía ser una torre vigía del STEPHANKLOSTER. El Stephankloster en la cumbre sur de la Heiligerberg se remonta a un año de mucho trabajo en 1090, creado por el monje benedictino Arnold. Se componía inicialmente de un me capilla asociado ermita Stephan. Y uno de sus restos era este.

Y volvimos a subir oootras escaleras de caracol interminables.




Finalmente, y antes de bajar del todo, nos dejamos caer por un Biergarten, muertos de hambre, y acompañados de una cervecita, nos pusimos las botas.


Y, ahora sí que sí, bajamos raudos, acortando camino entre los árboles, estando al borde de una muerte segura por el barro resbaladizo y las ramas rotas. Pero, pese a todo, conseguimos sobrevivir y aterrizar a salvo en la ciudad.
Con los calcetines empapados, el culo mojado y los vaqueros destrozados, pusimos rumbo cada uno a su casa para descansar. Muertos de cansancio pero completamente satisfechos con nuestra pequeña aventura.

3 comentarios:

  1. Si esa foto es despues de tan dura aventura...........no se os ve tan mal!!!!! Jajajaja

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